ME LLAMO CAROLINA Y MORIR ES LO DE MENOS

Ahora que ya estoy muerta, (nunca imaginé que la muerte sería tan reparadora), lo que tiene esto de guay, es que empiezan a reconocerte. Hay que morir, eso sí, si no no vale.

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Camino por la calle más tranquila, no miro para atrás constantemente. Ya no tengo que pensar a diario cómo es morir de forma violenta. Ya no tengo miedo a morir, porque el miedo ya se ha muerto.

Ya no me veo obligada a gritar el peligro que corro porque todos se han dado cuenta, todo el mundo se ofrece a acompañarme porque “debes estar aterrorizada” y casi siento una extraña satisfacción porque los veo asustados. Tratan mi dolor como importante y me ayudan a curarlo. No siento temor, sino protección por mi entorno. Ya no me llaman loca ni piensan que deliro. No sufro por los juicios de un@s y otr@s, todo el mundo se muestra comprensivo. Cada vez que alzo la voz señalando nuevos episodios de acoso, acuden rápidamente a mí las autoridades, los amigos y conocidos para frenar al acosador. Nadie duda de mi certeza intuitiva de que al final, vendrá a por mí.

No me aislan ni me invisibilizan, sino que ponen, por primera vez, mi nombre en carteles. Aparezco en la tele y cuentan, por primera vez, el horror de nuestras historias.

Cuando voy a la policía no cuestionan ni dudan ni juzgan lo que les digo. No se me trata como si denunciar fuera una opción. No me preguntan por qué no he denunciado antes, ya saben por qué nunca denunciamos “antes”. Me felicitan por mi lucha.

Mis amigas ya no me dicen que es algo personal y que no me raye más. Ahora mucha gente se preocupa por mí y viene a verme. En el trabajo están pendientes de mí y reaccionan y se posicionan.

Han enviado a los forenses para evalúar los daños y hasta tenía la sensación de que creían de verdad lo que me había pasado, ¿será porque la muerte es una prueba infalible?     Ya no salgo de las valoraciones forenses deseando no haber denunciado nunca, dándome más miedo ell@s que mi agresor.  No siento que se problematiza mi carácter para justificar la situación, al contrario, han ido directos a los hechos, de forma clara y profesional. No percibo que se ha normalizado la humillación ni que se menosprecia mi sufrimiento. Ahora no dicen “estamos haciendo nuestro trabajo” como si las aberraciones se pudieran justificar por un correcto proceder en el trabajo y como si su trabajo fuera esencialmente cuestionarnos.

Las instituciones me invitan a charlas, me han ofrecido empleo, me protegen, me han dado una indemnización por lo vivido (y morido),  no cuestionan mi dolor.  Me han llamado para inaugurar un acto y quieren poner mi nombre en una calle, por mi lucha heroica y por haber conseguido morirme ¿existe un galardón mayor que ese?   El Ministerio de la Verdad hace honor a su nombre y está lanzando verdades como “gracias por tu colaboración, así nos ayudas a seguir contando muertas”, “estamos a tu lado, para continuar maltratándote”, “te mereces ser feliz, mientras, sigue soñando”, “llama al 000 y verás lo expertos que somos en el tema”, “hay salida….por la puerta de atrás de este país” “si la maltratas a ella, yo te ayudo encantado” “no estás sola….entendemos tus quejas ya que no estamos haciendo una mierda por tí”

Pero todo esto se hace después de morir, no antes.

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