AMONÍACO

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Cuando el miedo se parece a un olor, se parece al amoníaco.

A medida que lo vas segregando, paraliza los músculos por los que pasa, refrigera tu alma hasta congelarla y apesta a los que te rodean.

También te paraliza los párpados, para dormir con los ojos abiertos. Te borra el esbozo de tu boca, para que no puedas hablar ni sonreír. Hasta ahora lo percibías, pero te parecía algo normal.

No sólo tú. También lo huelen los demás. Se alejan porque el olor es muy irritante; ellos no lo saben pero yo sí. Los más atrevidos te piden que te duches, para que no dejes tu hedor por los lugares por los que pasas.

Y los más valientes, quieren comprobar cuánto amoníaco eres capaz de producir. De momento, el mío vale 15.000 euros.

Al llegar a 5 litros, si la producción supera tu cantidad de sangre, consigue desintegrarte, elimina tu rastro de forma eficaz para hacerte invisible. Si te esfuerzas un poco, logrará negar que hayas existido.

Has nacido, mujer-amoníaco.

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